2ª etapa del Aquelarre: El homenaje al Demonio

Aquelarre de brujas Frans Francken

Seguimos hoy repasando las cuatro etapas de un aquelarre. El otro día comenzábamos con la primera etapa, la convocatoria, en la que todos los brujos y brujas se reunían y se preparaban para invocar al maligno. Hoy vamos a pasar a la segunda etapa: El homenaje al Demonio.

En algunas zonas, estos homenajes suelen venir acompañados de ofrendas, sin ser éstas obligatoriamente de carácter siniestro. Las ofrendas podían ser simples objetos robados, una prueba de que se había cometido un acto ilícito a los ojos de la ley divina. La entrega de ofrendas se realiza por orden de jerarquía: primero los brujos más ancianos y de más experiencia hasta terminar en los novicios y en los recién iniciados. A estos últimos, los recién iniciados, se les hace una marca en una parte recóndita del cuerpo, una marca que distingue al brujo del resto de personas y con la que consigue ser miembro de ese aquelarre desde ese mismo momento. Las brujas y brujos bailan en círculo hasta que el frenesí del momento acaba produciéndoles fuertes sacudidas.

En el proceso de Zugarramurdi perteneciente a este homenaje al Demonio, se dice que cuando los brujos y brujas llegaban al lugar del aquelarre, adoraban al Diablo postrándose ante él y besándole en las partes pudendas. Una vez comenzado el baile llegaba el momento de las escapadas: “Pero pronto comienzan sus escapadas para asustar a pasajeros nocturnos, a pastores, marineros, molineros, amigos y enemigos, para romper platos en las cocinas y tejas en las casas, destruir granos, frutos y ganado, y también para causar muertes especialmente de niños”. Un dato aparte es que, si a un brujo pronunciaba el nombre de Jesús, el aquelarre se desvanecía y sería en la próxima reunión que este brujo fuese fuertemente castigado.

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