Arúspice: adivinos etruscos y entrañas de animales

Arúspice

El arúspice (término proveniente del indoeuropeo *ghere, “entraña”, e inspicio, “examino”; transcribe “haruspex” del latín) era el adivino etrusco que ofrecía sus presagios al examinar las vísceras de un animal sacrificado. Los arúspices contaban con una gran consideración en el Imperio Romano, llegando a ser consultados por el Senado antes de que este llegase a tomar alguna decisión. Nunca una mujer ejerció la función de arúspice. En cambio eran ellas las que, desde el gremio de hechiceras, conseguían hacerse de buen renombre.

Los presagios del arúspice aparecían a partir de la interpretación obtenida con la lectura de las entrañas del animal sacrificado. Este animal era abatido durante un ritual y el arúspice examinaba tamaño, forma, color y signos de algunos órganos. Una vez finalizado el ritual, la carne del animal era asada y ofrecida en un banquete entre los asistentes a la ceremonia.

Se dice que algunas prácticas, como pueda ser la lectura de los posos del café y otros métodos de adivinación de procedimiento similar, son sólo un intento de supervivencia de lo que los arúspices hacían en la antigüedad, habiendo perdido el que fue su significado original del conjunto de ritos que se dice están ligados a la práctica chamánica y que se remontan hasta la prehistoria.

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