Axinomancia: las predicciones del hacha

Hacha leñador

Aquí seguimos a la caza de nuevas -antiguas- mancias con las que descubrir cómo obtenían presagios en la antigüedad. Hoy volvemos a dejar de lado las vísceras, los huesos y las cabezas de animales -que vaya racha de mancias raras- para centrarnos en una de las más sencillas que hemos tratado aquí hasta ahora: la axinomancia. En el libro de Francis Roland ‘The art of divining the future’ (‘El arte de adivinar el porvenir’) nos encontramos con una descripción bastante amplia de la axinomancia, de la que se dice se usaba con frecuencia en la antigüedad para la búsqueda de tesoros y descubrir a ladrones. En la axinomancia sólo hacía falta una cosa: el hacha de un leñador. Luego, según si lo que querías era localizar un tesoro o encontrar a unos ladrones, el método de uso era diferente.

Para la búsqueda de tesoros hacía falta, además del hacha, una ágata redonda. La hoja del hacha se calentaba a fuego, luego se sostenía el hacha por el mango quedando la hoja suspendida, paralela al suelo. Se colocaga la ágata en la hoja y, si esta se mantenía, significaba que allí no había tesoro alguno. En el caso de la que la ágata cayese al suelo, había que realizar el mismo paso tres veces; si la ágata rodaba siempre hacia el mismo lado significaba que ahí había un tesoro, pero si en cada vez que caía terminaba rodando hacia un lugar diferente, significaba que allí no había nada de valor.

Para encontrar ladrones el proceso era mucho más simple. Se debía apoyar el hacha en el suelo por la hoja, dejando el mango hacia arriba. A continuación se bailaba alrededor del hacha hasta que el palo caía, indicando entonces el palo la dirección en la que había escapado el ladrón.

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