Cara y cruz de la necromancia frente al cristianismo

Nigromancia

La necromancia/nigromancia (del lat. necromantīa, y este del gr. νεκρομαντεία; unión de necros «muerte» y mantīa «adivinación») es la rama de la magia -incluida generalmente en la magia negra- que trata sobre la invocación de espíritus o el uso de vísceras de muertos con fines adivinatorios, requiriendo en algunos casos acciones como la posesión. La necromancia está considerada una práctica común dentro de las tradiciones místicas de culturas como la egipcia, mesopotámica o persa, entre otras. Esta rama de la magia (negra) también se practica en religiones que llegan desde África, como el vudú. La necromancia aún se practica en la actualidad, donde, mediante la intervención de un espíritu invocado, se le formulan preguntas a éste en busca de respuestas.

La Biblia rechaza el uso de la necromancia. Deuteronomio 18:10, 11: “Nadie entre los tuyos deberá sacrificar a su hijo o hija en el fuego; ni practicar adivinación, brujería o hechicería; ni hacer conjuros, servir de médium espiritista o consultar a los muertos.” Pero luego es en esta misma religión donde nos encontramos con continuas invocaciones a las figuras de Jesús, la Virgen María e incluso a nuestros propios difuntos, todo dentro de lo que se considera una práctica aceptable.

Entonces, si una persona invoca a un espíritu tal o cual y le pregunta por la enfermedad de un familiar, está practicando necromancia y, como tal, es magia negra. Pero si hablamos de un creyente, uno de los que se pasan la vida pidiendo ayuda a los santos y a sus familiares ya fallecidos, que dice haber “visto a…” -valga el nombre del santo o el familiar que más le guste- y este le dice que “su enfermedad está cerca de terminar y que todo va a ser un mar de rosas a cambio de unos rezos”, eso, de cara al cristianismo, tocaría cambiar “necromancia” por “profetización”, ¿no?… aunque el hecho o la práctica en sí haya sido exactamente la misma. Curioso, ¿verdad?

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