Como podemos trabajar nuestro dolor?

El dolor, es inherente a todos los seres vivos. En nuestro mundo no existe ningún ser viviente que no haya experimentado el dolor.

En el caso de nosotros los seres humanos aun también el dolor está presente en nuestra vida diaria, incluso cuando pensamos que una persona que tiene, bienestar y abundancia económica,  no experimenta el dolor porque aparentemente lo tiene “todo”, en el fondo si pudiéramos investigar su vida nos daríamos cuenta que el sufrimiento también es su compañía y que a pesar de todo el dinero, no puede con el, comprar la cura a su sufrimiento o amargura.

El punto que nos toca acerca de este tema es cómo podríamos trabajar nuestro dolor?, porque muchas veces ante situaciones amargas, nos podemos encontrar en un callejón sin salida y nos sumergimos en depresiones que podríamos evitar a pesar del sufrimiento que nos invade.

Los pensamientos, son uno de los conceptos  que mas pueden influir en nuestra actitud ante el dolor. Cuando nos enfrentamos a la muerte ya sea a la pria o a la muerte de un ser querido, pensamientos de pasado o futuro nos ocupan y si por unos instantes dejamos que estas ideas pasen sin alimentarlas, podemos observar que el sufrimiento contemplado, no es tan agudo ni tan intenso, ya que el solo hecho de mirar lo que pasa en nosotros en ese momento, creamos sin siquiera notarlo por el momento, una distancia que lo separa de mí.

Si somos persistentes con este ejercicio y nos interesamos realmente en descubrir como realmente aislar el dolor en nosotros en un momento dado, les aseguro que la constancia en esta actitud cambiara vuestra vida.

 

Es importante hacer notar aquí que muchos de nosotros sufrimos porque realmente no queremos dejar de hacerlo, nos gusta a nivel inconsciente la cárcel en la que estamos presos. Pensar en el dolor de ayer, pensar en el dolor de otro momento, proyecta el miedo de tener dolor mañana otra vez. Si dejáramos de alimentar el pensamiento del dolor que vamos a tener o que nos va a producir en el futuro, este disminuiría y terminaría por perecer. El miedo no está fuera de nosotros, no está separado de mí, yo lo alimento y le doy forma. Al darme cuenta de esto y observarlo en mi,  puedo dejar de pensar en él y paulatinamente desaparecerá pero la clave es que yo quiera hacerlo y debo pedirme, no alimentarlo con mis pensamientos.

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