El amigo del sótano: cuarenta años

Bobby

Dorothy no estaba preocupada por el amigo imaginario de Bobby. ¿Cuántos niños no han tenido un amigo imaginario? Fueron meses los que Bobby pasó conversando con su amigo mientras jugaba. En una de esas tardes de juego sonó el teléfono. Dorothy atendió la llamada pero no contestó nadie, sólo sonaba algo como un murmullo. Colgó el teléfono. Al girarse vio que Bobby no estaba con sus juguetes: “¿Bobby? ¿Dónde estás?” Vio que se había escondido detrás del sofá. Dorothy se agachó junto a Bobby y le preguntó: “¿De qué te escondes?” Bobby respondió: “De mi amigo”.

Desde ese momento todo se complicó para Bobby. Las pesadillas no le dejaban dormir por las noches y durante el día el agotamiento podía con él. Después de varias semanas, Dorothy optó por llamar al doctor. El cansancio de Bobby iba a peor cada día. Pero al ser examinado por el doctor, este dijo que Bobby estaba perfectamente sano y que todo el asunto de los amigos imaginarios era una etapa normal. Las palabras del doctor consiguieron tranquilizar a Dorothy.

Una mañana en la que todos estaban en casa, Dorothy pidió a Bobby que bajase al sótano a por unos botes de cristal en los que siempre guardaba mermelada casera. Bobby no quiso bajar, pero Dorothy le dijo que tenía que superar sus miedos. Bobby bajó al sótano. Allí fue directo a por los botes de cristal. De repente escuchó una voz, era la de su amigo. Esta vez pudo verle. Era un hombre mayor, con gesto amenazante, que le llamaba con el dedo. Bobby sacó coraje y le tiró uno de los botes de cristal mientras le gritaba: “¡No te tengo miedo! ¡Quiero que te vayas!” Su amigo desapareció. Pasarían cuarenta años hasta que todo volviese a empezar.

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