El amigo del sótano: una batalla perdida

A Haunting

El sacerdote terminó sus oraciones y todo en la casa parecía haber quedado en calma. Mary se encontraba bien y sólo el tiempo diría si todo en la casa estaba de nuevo en orden. Pero no fue así. Las mismas pesadillas que atormentaron a Bob en su infancia volvían ahora a dejarle las noches enteras sin dormir. Bob no podía dejar que su madre se quedase sola en esa casa hasta que no estuviese seguro de que ese ente demoníaco, su amigo del sótano, no se hubiese marchado para siempre.

Semanas más tarde, el sacerdote volvió junto con Bob, Mary y John a realizar una nueva limpieza en la casa, esta vez con incienso. El grupo al completo recorrió cada rincón de la casa, dejando que el humo llenase todo el lugar. Una vez hubieron terminado, el sacerdote se despidió de todos deseándoles lo mejor. Mary agachó la cabeza y se dirigió a Bob: “Tu madre tiene una casa preciosa, pero las cosas ahí dentro siguen sin estar bien”. Bob cerró la casa, quedando dentro sólo el humo del incienso.

Bob y John volvieron pasada una semana. Ambos se sentaron en la cocina y allí se quedaron hablando antes de empezar a investigar si todo estaba bien. Pero no hubo tiempo de empezar a investigar nada. Unos pasos comenzaron a sonar, en el salón, rodeando la cocina. Los pasos se dirigían justo a donde estaban ellos sentados. El ente invisible les atacó a la vez, dejándolos sin respiración, presionándoles en el corazón. Los dos cayeron al suelo retorcidos de dolor. John se levantó primero y ayudó a Bob para salir de la casa. Nunca más volvieron a entrar. Ya no había más fuerzas con las que luchar contra ese ente. Ya no quedaban ideas ni ganas. La casa de Dorothy, la casa de su infancia, quedaba vacía para siempre.

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