El aquelarre: algo más que fantasmas

Coven

Al abrir la puerta de su casa, Matt no se esperó encontrarse con toda su familia y amigos gritándole “¡sorpresa!” Por fin una sorpresa que no tenía que ver con fantasmas ni miedos. Durante la fiesta, su padrastro se pudo enterar de todo lo que estaba ocurriendo en la nueva casa. La culpabilidad por no poder estar allí con ellos era algo que le destrozaba. Se acercó a Matt y le dio su regalo de cumpleaños: su primera navaja de afeitar.

Esa tarde era algo que todos en esa casa necesitaban. Poder ocupar la mente en algo que no fuesen problemas que se escapen a la razón humana. Todos terminaron rendidos y fueron directos a la cama. Todos menos Matt, que quería estrenar su nueva navaja de afeitar. Matt se encerró en el baño cuando se dio cuenta de algo se movía en el desagüe del lavabo. Algo parecía asomar una pata por la ranura del desagüe. Era una araña, pero no una pequeña, esta era enorme. De repente comenzaron a salir arañas del lavabo, una, cinco, diez, veinte… antes de darse cuenta eran el lavabo y el inodoro los que estaban cubiertos por arañas. Empezaron a llegar también a la cortina de la ducha. ¿De dónde salían todas estas arañas? Matt odiaba las arañas. Su terror le impedía gritar. Al bajar la mirada se dio cuenta que tenía una subiéndole por la mano. La agitó a toda prisa, como si le quemase, para que cayese al suelo. También tenía arañas en la espalda. Matt se lanzó contra la puerta para que cayesen al suelo también las de la espalda. Con una toalla apartó las que había en la puerta, abrió y salió corriendo. Matt no se dio cuenta, pero las arañas habían desaparecido.

Matt salió fuera de la casa a recuperar algo de aire. De nuevo los pensamientos se le volvían a amontonar. Esto dejaba de ser una casa encantada por unos fantasmas. Algo más ocurría en ese lugar. Esas arañas lo habían dejado claro. Esto tenía que ser obra de alguien.

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