El aquelarre: “¡no muevas esa piedra!”

Coven

La despedida de la última inquilina de la casa había terminado de asustar del todo a Matt. Mientras toda la familia andaba de un lado para otro colocando sus pertenencias en la nueva casa, Matt no dejaba de darle vueltas en su cabeza al relato del suicidio y a las palabras de la señora: “Tened mucho cuidado con esa casa. Está llena de muerte.”

Estaban ya todos acostados y Matt aún estaba leyendo. No podía dormir. Demasiadas sensaciones fuertes como para un primer día en la nueva casa. Hacía ya horas que todos dormían cuando Matt escuchó un ruido que provenía de la puerta de su dormitorio. Sonaba el picaporte. Matt giró la vista y vio cómo el picaporte comenzó a girarse, cada vez más, cada vez más… hasta que la puerta se abrió. Matt se quedó congelado en la cama esperando a ver quién podía entrar a esas horas, pero no entraba nadie. Se levantó muy despacio de su cama y se dirigió hacia la puerta. Acercó la mano al pasamanos, lo agarró despacio, cerró los ojos un segundo antes de abrir la puerta de golpe. Tiró del picaporte muy rápido y abrió los ojos… no había nadie. No entendía lo que acababa de pasar. Se volvió a su cama y siguió leyendo.

Ya por la mañana y después de haber desayunado, Cherie, la hermana de Matt, salió junto con su padre y Matt para jugar un rato fuera. Lindia tenía la friolera de siete hijos, así que las ocasiones en las que decidían salir a jugar fuera de la casa siempre le venían bien. Jugaban Ken, Matt y Cherie con un balón. Matt dio una patada al balón y este terminó en el tejado de la cabaña que había junto a la casa. Pero el tejado estaba roto y la pelota cayó dentro. Ken no dudó en dirigirse hacia la piedra para moverla y sacar la pelota. Linda veía desde dentro de la casa toda la escena y recordó que no había dicho a nadie la advertencia de la agente: “No querrá por ningún motivo mover esa piedra de su lugar”. Linda comenzó a gritar a Ken para que no moviese la piedra. Primero intentó llamar su atención golpeando en el cristal, pero Ken no podía escucharla a esa distancia. Cuando alcanzó a salir de la casa ya era tarde. Ken había conseguido quitar la piedra de la puerta de la cabaña. La puerta se abrió violentamente y una bola de aire empujó a todos hasta casi tirarles al suelo. Algo estaba encerrado en esa cabaña a conciencia y Ken le había dejado salir.

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