El aquelarre: tres mujeres

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Ken y Matt esperaron fuera de la casa a que llegase el dueño. Los dos esperaban en silencio. Lo único que querían era deshacerse de esa llave para siempre y volver a empezar como si nada de eso hubiese ocurrido nunca. A lo lejos se acercaba un coche, que iba aminorando la velocidad hasta para a pocos metros de donde ellos se encontraban. Del coche se bajaron tres mujeres, tres chicas muy atractivas. Matt y Ken se quedaron mirando entre ellos, dudando que fuesen ellas las propietarias de la casa.

Una de las tres mujeres caminó hacia ellos y extendió la mano. Ken, casi hipnotizado por su belleza, dejó caer la llave de la casa en su mano. La chica caminó hacia la casa, abrió la puerta, entró, salió a los pocos segundos y se dirigió hacia donde estaban Matt y Ken a paso muy ligero: “¿¡Dónde están los espíritus?! ¡En esta casa no hay espíritus!” La chica fue casi corriendo a su coche, donde le esperaban las otras dos chicas.

Matt se dio cuenta de que algo estaba cambiando. Eran las chicas. La misma que había cogido la llave ya no era joven ni bella. Era la misma señora a la que había ayudado a cargar las cajas el primer día. La segunda chica ahora era la agente que les había mostrado la casa el primer día. La tercera era la señora mayor que apenas si se podía mover el primer día. Ellas habían sido las encargadas de que tantas personas se suicidasen en esa casa, todo a cambio de vivir una eterna juventud que ahora se desvanecía frente a los rostros atónitos de Matt y Ken. Las brujas se fueron en su coche a toda velocidad. Matt, Ken y su familia también… y nunca volvieron.

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