El corazon para los egipcios

Estatuillas egipcias

Para lo egipcios el corazón no era sólo la sede del poder de la vida, sino también la fuente de los pensamientos buenos y malos, que a veces caracteriza a la conciencia, por ello después de la muerte se extraía y era vigilado con especial cuidado, momificándolo por separado, para luego junto con los pulmones era conservado en un frasco que se colocaba bajo la protección del dios “Tuamutef”.

Su preservación se consideraba de tal importancia que se registra en un texto dentro del Libro de los Muertos en un período temprano, que dice lo siguiente:

“Que mi corazón esté conmigo en la Casa de los corazones. Que mi alma estará conmigo en la Casa de los corazones! Que mi corazón esté conmigo y que descanse allí o no comerá de las tortas de Osiris en la la parte oriental del Lago de las Flores, no puedo tener un barco para ir en el por el Nilo, ni ningún otro en el que subir, ni voy a ser capaz de navegar por el Nilo contigo. Que mi boca siga conmigo para que yo pueda hablar con ella y mis dos piernas también para caminar con ellas y mis dos manos con los brazos para derrocar a mi enemigo Que las puertas del cielo se abran a mí”.

Cuando el difunto había pronunciado estas palabras, se creía que iba a la vez obtener los poderes que deseaba poseer en el otro mundo, y cuando él ganaba el dominio sobre su corazón, adquiría el poder de ir a donde quisieran y hacer lo que quisiera.

La mención del dios Ptah y de su consorte Sekhet indica que el capítulo fue el trabajo de los sacerdotes de Menfis y que las ideas contenidas en él son de gran antigüedad. Según el Papiro de Nekhtu en el amuleto del corazón egipcio, debía ser confeccionado en lapislázuli y no hay duda de que esta piedra se cree que posee ciertas cualidades mágicas que reciben quienes la portan.

Foto: Wootang01 – flickr

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