A Haunting: cazadora de fantasmas (Jamie)

A Haunting

Stacy agarró del brazo a Jamie para intentar calmarle, avisó por radio al resto del grupo para que abandonasen el cementerio de inmediato. Todos sabían cuándo había que marcharse de algún lugar y siempre lo hacían sin hacer preguntas. Los años de Stacy como investigadora le habían servido para saber que todas esas sombras caminando entre los árboles y las tumbas no significaban nada bueno.

Un ruido de pasos alertó a Jamie, haciendo que tanto él como su madre se quedasen quietos unos segundos. El ruido de pasos volvió a sonar una y otra vez, pero cada vez en un lugar diferente. Stacy también los podía escuchar, pero cada vez que alguno giraba la cabeza para intentar saber quién hacía ese ruido, no encontraban a nadie. El pánico pudo con ellos y acabaron por echar a correr. Ese miedo solo sirvió para que se acabasen perdiendo entre los cientos de tumbas que parecían no acabar nunca. Los pasos sonaban cada vez más cerca. Stacy empezó a llamar a gritos a su grupo, con la suerte de que uno de ellos logró escucharla y le pudo responder, consiguiendo así que encontrasen el camino de vuelta.

Jamie seguía escuchando cómo los pasos se acercaban cada vez más, hasta que se hizo un silencio. Stacy miró hacia atrás y se dio cuenta de que el ruido de pasos había desaparecido: “Tranquilo, Jamie, los pasos ya no suenan. Volvamos con el grupo.” Pero algo no iba bien con Jamie. Parecía no encontrarse bien.

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