La consagración

Cuando nos disponemos a utilizar la magia, las energías o la fe para un elemento, hechizo o ritual primero debemos consagrar los elementos a utilizar.

Consagrar significa otorgarle determinadas energías y proteger de las energías contaminantes al objeto que se utilizará, además la consagración permite canalizar y dirigir la energía a determinada situación, otro objeto o deseo.

Consagrar un elemento es otorgarle carga energética, es entonces, poner el ese objeto la cualidad mágica para que las energías del entorno se comuniquen y manifiesten de forma determinada ante su presencia o influencia.

Este mismo proceso de consagración es el que permite a los seres energéticos diferenciar entre objetos de buen tilde o los que atraen maldad. Esto es porque la energía que se impone al consagrar un objeto puede modificar su energía negativa y hacerlo positivo o también porque desde la concepción misma del elemento fue realizado con energías puras o impuras fácilmente reconocidas por los seres energéticos. Cuando se utiliza un elemento sin consagrar no se puede saber qué energía lo rige o hacia donde la canaliza por lo que podríamos provocar un problema o un daño a alguien o algo si lo utilizamos.

La importancia de la consagración también radica en que la persona que va a realizar el ritual, mientras dispone los elementos para la consagración y realiza el ritual también, al igual que el objeto se impregna de las energías necesarias para realizar el hechizo y se concentra en lo que corresponde a la ocasión liberando la mente de influencias externas.

No está de más recordad que la mayoría de los objetos consagrados son de uso personal y único de la persona que los haya consagrado, las cartas de tarot, la bola de cristal o las runas, por ejemplo son elementos que una vez consagrados deben permanecer al resguardo de las energías externas y nunca deben ser tocados por otra mano que no sea las de su consagrado.

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