La historia de las supersticiones más conocidas (VIII)

Conejo

Siendo yo pequeño todavía veías por ahí el típico llavero con la pata de conejo. Los amuletos de la suerte estaban tan de moda que en cualquier lugar encontrabas el amuleto que quisieras. En el caso de las patas de conejo, obviamente, eran falsas. Las pocas verdaderas que veían habían sido hechas por algún familiar que vivía en el campo y tenía animales. Entonces toda la clase se volvía loca intentando comprar “el amuleto verdadero”.

Seguro que lo que no sabíais era que aunque se hable de la pata de un conejo como amuleto de la suerte, en realidad el animal requerido no es un conejo, sino una liebre. Esta superstición aparece en las regiones medievales de Europa. Se creía que las brujas, con el fin de no morir, sus almas acababan ocupando los cuerpos de los animales; liebres, en muchas ocasiones. En aquel entonces, las familias dejaban que sus animales entrasen dentro de sus casas para poder aprovechar su calor. Esos animales, hasta el momento de su muerte para alimentar a la familia, recibían muy buenos cuidados. Las mujeres embarazadas utilizaban a las liebre para protegerse del frío y, a cambio, las alimentaban con la leche de su propio pecho. De ahí salía la leyenda de las brujas convertidas en liebres y robando la leche de las embarazadas. Cuando llegaba el momento de matar a la liebre se descubría si dentro de ella había alguna bruja escondida. Si resultaba difícil de despellejar o de cocinar, todos daban por hecho que se trataba de una bruja que había cambiado de cuerpo antes de morir.

Lo curioso es que las supersticiones de la pata de conejo no tenían nada que ver con la caza de brujas, ya que no fueron las brujas las que otorgaron ningún poder al cuerpo del animal. En la antigüedad se decía los huesos de las patas de las liebres curan la gota y otros reumatismos, además de calambres, aunque era necesario que el hueso tuviese la articulación intacta.

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