La leyenda del Lobizón

El Lobizón o también llamado por los nombres Juicho o Luisón, o del portugués lobis – homen (hombre lobo). Es un personaje de la mitología guaraní, monstruo legendario que vendría a ser el séptimo y último hijo varón de Taú y Keraná. Célebre por su parecido a lo que conocemos como un “Hombre Lobo”.

El origen de esta criatura es muy discutido, se dice que todo empezó con la colonización española en Sudamérica, que este personaje sería una variación de la criatura europea y hoy mundialmente famosa llamada “Hombre lobo”, lo que para muchos sería una degeneración folclórica de este personaje o leyenda.

Aunque muchos sostienen que el Lobizón tiene origen pre-colombino, ya que se dice que los aborígenes antes de la colonización ya relataban historias de “hombres bestias” incluyendo la del Lobizón. Aunque no se descarta que las dos leyendas se hayan mezclado y hubiera nacido la leyenda del Lobizón como productos de esta mistura cultural.

Según la leyenda el Lobizón sufre su transformación los días viernes y martes que hay luna llena, su apariencia es la de un hombre  con rasgos a los de un lobo o un gran perro. Su transformación al igual que la del Hombre Lobo, es dolorosa, empieza con dolores y luego ellos mismos se alejan a un lugar apartado, donde se rueda al suelo de izquierda a derecha y dice el creo al revés. Los lobizones son productos de una maldición y deambulan por los montes, se dice que se alimentan de las heces de las gallinas y de cadáveres que ellos mismo desentierran, también se dice que se comen bebés que no han sido bautizados.

Para matar a lobizón no es necesarios una bala de plata, pero si una bala bendecida, también se puede hacer con una arma blanca, al hacerlo se debe rezar ya que sino se hace este ritual puede pasar su maldición a su verdugo.

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