Los caballeros Templarios

 

Fue un ejército de monjes guerreros, creado en Jerusalén en el año 1119, con el propósito de custodiar reliquias sagradas entre ellas el Santo Grial y proteger los lugares santos y a los peregrinos que viajaban a Tierra Santa,  después de que tuvo lugar la primera cruzada.

Durante dos siglos este ejército religioso fue custodio de reliquias cristianas y muchos lugares en el Oriente Medio.

Fueron nueve caballeros los que inicialmente, se presentaron ante el Rey Balduino II de Jerusalén y se ofrecieron  para cuidar los  caminos que en esa época era ocupado por ladrones que robaban a los peregrinos que viajaban a Jerusalén.

Los Caballeros Templarios, realizaron los tres votos monacales que fueron  pobreza, obediencia y castidad. El rey complacido con su valentía y bondad les permitió  vivir en una parte del Templo de Jerusalén o Templo de Salomón, de ahí el nombre de Caballeros Templarios. Después de varios años se unen a ellos muchas personas convirtiéndose en un ejército. Este ejército fue  aprobado por  Iglesia Católica,  como la Orden de los Templarios por el papa  Honorio II en el año 1128.

Sin embargo la Orden de los Templarios desde su nacimiento despertó  mucha polémica y envidias,  por los privilegios económicos que tenían como era la de exención de  impuestos al rey y demás actos que realizaban,  como fue la excelente administración del dinero que recibían por las continuas donaciones, por los botines de guerra que percibían,  todo esto dio como fruto el enriquecimiento de la Orden de los Templarios.

No obstante lo anterior estos caballeros repartían con el pueblo las ganancias obtenidas, mejorando así las condiciones económicas de sus pobladores.

Más de un Rey de Francia acudieron a  los Templarios en busca de dinero y es así que Felipe VI llamado el Hermoso quien estaba inmerso en deudas, sublevación de sus subalternos y devaluación de su riqueza, creyó encontrar la solución de sus problemas difamando a la Orden de los Templarios y llevando a la hoguera a la mayoría de ellos, con la anuencia del Papa Clemente V.

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