Omina: entre señales y presagios

Marco Licinio Craso

Marco Licinio Craso

Dentro del tema de las mancias que estamos tocando este mes, si nos desviábamos un poquito y dejábamos descansar a los augures, resultaba que nuestro entorno también nos enviaba señales que podían ser interpretadas como avisos, presagios. Esas señales recibían en la antigua Roma el nombre de Omina (que en latín es el singular de ōmen: presagio).

¿Cuántas veces, planeando quizás un viaje, has estado -por ejemplo- leyendo una revista o viendo la televisión y has visto algo que ha conseguido que se te encienda una alarma interna y has decidido cambiar el momento de iniciar ese viaje? Esa sería una omina, un signo que se muestra como un presagio del futuro.

La historia está cargada de historias sobre ominas buenas malas. Una de ellas es la de Marco Licinio Craso (115 a. C.–junio de 53 a. C.), un relevante aristócrata, general y político romano de la era tardorrepublicana, que se embarcó hacia Siria a pesar de haber escuchado los gritos de mala agüero de un vendedor. Este vendedor de higos gritaba: “¡Cauneas!” (¡Higos de Cauno!”). Esa frase podía entenderse como “¡Cave ne eas!” (“¡Cuidado, no vayas!”). Marco Licinio Craso murió en la campaña.

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