Pacto con el diablo (parte III)

No siempre o no solo el alma era  parte del pacto con el diablo, en la demonología cristiana se creía que además del alma, se tenía que sacrificar niños o consagrarlos al nacer al mismo demonio, es más se acusaba a varias madronas durante la Edad Media y el Renacimiento a sacrificar a varios niños con este oscuro fin. También relacionaban los pactos con el diablo, con los aquelarres (lugar en donde se realizaba pactos o ceremonias satánicas), en donde se realizan actos sexuales con animales, súcubos o íncubos.

Se dice que el pacto con el diablo podía ser oral como escrito. Si el pacto era oral era realizado mediante conjuros, invocaciones  o rituales, una vez que el diablo se hacía presente, se realizaba el pacto oralmente dando las condiciones del caso, también se asegura que el diablo siempre dejaba una señal imborrable que era muestra o recuerdo que existía dicho pacto, lo que sería una suerte de “marca diabólica”, esta marca podía ser una péquela cicatriz o una especie de tatuaje, la cual era la prueba de la existencia del pacto.

El pacto escrito tenía que ser firmado con la sangre del demandante, aunque no se descartaba que estuviera hecho con sangre animal o tinta roja la cual simulaba la sangre. Estos tratos fueron utilizados para desprestigiar y culpar mucha gente durante la  Edad Media y el Renacimiento. Algunos enemigos realizaban pactos escritos falsos con el nombre de quien querían difamar y los hacían públicos, con lo cual lograban el repudio de la gente así como su condena y persecución por brujería y satanismo. Se dice que los pactos escritos llevaban extrañas marcas, la cuales eran atribuida al mismo diablo, el cual era descrito como el sello del diablo.

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