El amigo del sótano: el sacerdote

A Haunting

Bob salió disparado hacia la habitación de su madre al escucharla gritar. John y Mary fueron con él. Dorothy les explicó entre llantos lo que había ocurrido. Las sacudidas de la cama, la sensación de estar siendo observada constantemente… ya lo no lo soportaba más. Bob se quedó con su madre toda la noche. Mary y John también quisieron quedarse. Ya por la mañana, Bob se puso en contacto con el sacerdote de la zona para pedirle que bendijese su casa. El sacerdote era ya conocido de Bob, no era la primera vez que acababa pidiéndole ayuda para alguna de sus investigaciones. El sacerdote aceptó de inmediato y en pocos minutos llegó a la casa de Dorothy.

Apenas se habían saludado cuando el sacerdote comenzó a bendecir la casa. Mary comenzó a sentir cómo los espíritus de la casa empezaban a revolverse. Se quedó petrificada en el sofá, sentada, mientras el sacerdote rociaba con agua bendita cada rincón de la casa. Pasaron a la cocina. Iban todos juntos. Allí el sacerdote, en un instinto, giró la cabeza hacía una puerta: “¿Qué hay aquí detrás”? Bob respondió: “El sótano”. El sacerdote se giró hacia la puerta: “Es ahí a donde debemos bajar ahora mismo.”

El sacerdote abrió la puerta del sótano mientras seguía con sus oraciones. Empezó a bajar las escaleras muy despacio. De repente Mary escuchó una voz amenazante que no logró entender, pero que sabía de sobra que era una amenaza: “¡Padre, vuelva, no baje al sótano!” El sacerdote giró la cabeza al escuchar a Mary, pero al darse la vuelta, una fuerza invisible le empujó haciéndole rodar escaleras abajo.

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