Las sirenas griegas

52

Las sirenas forman parte de la mitología griega, como criaturas con la cabeza de mujer y cuerpo de ave, que habitaban en tres pequeñas islas conocidas como “Sirenum scopuli”, y cuyo encanto era irresistible para los marineros, a quienes atraían fascinados y luego encallaban inevitablemente entre las rocas (Virgilio V, 846; Ovidio XIV, 88).

Según la leyenda de los argonautas escaparon porque Orfeo anulo el canto de las sirenas con lira y cantó una canción cuya vibración ahogo el sonido de las preciosas voces hipnóticas de estas fatales criaturas.

Otro viaje legendario, el de Ulises, quien también supo atravesar por el lugar ordenando que lo ataran al mástil por que deseaba escuchar el canto de las sirenas, pero hizo que todos sus marinos taparan sus oídos con cera, ordenándoles que bajo ningún motivo le hicieran caso a él, hasta que se alejaran del lugar, previniendo el engaño (Odisea XII, 39).

Según Homero eran consideradas como las hijas de Forcis o el dios de la tormenta Aqueloo, habiéndose gestado de su sangre cuando fue herido por Heracles, ubicando a la isla de las sirenas entre Eea y la roca de Escila, cerca de la costa sur-oeste de Italia, el relata que eran solo dos, sin embargo otros escritores mencionan más.

Algunos intérpretes de las antiguas fábulas afirman que el número y los nombres de las tres sirenas fueron tomados de los tres placeres de los sentidos, el vino, el amor y la música, ya que son los tres más poderosos medios de seducir a la humanidad y por lo tanto se hace referencia a tantas exhortaciones para evitar el canto fatal de las sirenas, ya que probablemente los griegos quisieron representar a través de la etimología de la palabra “sirena” que significa “cadena”, la seducción que pueden ejercer estos tres placeres sobre los hombres y que deben liberarse de ellos para no caer en desgracia.

Otro rastreo de esta fábula llega a Servio, quien nos dice que deriva de ciertas princesas que habitaban en las costas del mar de Toscana, cerca de Pelorus y Caprea o en tres pequeñas islas de Sicilia, que Aristóteles llamó las islas de las sirenas, donde estas mujeres eran muy corrompidas y con sus encantos seducían a los extranjeros, pero al final fueron destruidas por el placer y la prodigalidad.

Imagen: flickr

Te puede interesar

Escribe un comentario